Entremos en el reposo de Dios

 

En Génesis 2, Dios descansó de sus obras el día sábado, e invitó a Adán y a Eva a descansar ese primer sábado. ¿De qué cosas descansaban Adán y Eva? ¿De sus obras? No, estaban descansando de la obra finalizada por Dios. Así, incluso desde antes de la irrupción del pecado, existió una profunda inferencia del principio de justificación por la fe. Y Pablo extrae la implicación para los creyentes de su tiempo: “Por tanto, queda un reposo [sabbatismos,      descanso sabático] para el pueblo de Dios.

          Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas” (Hebreos 4:9, 10). Cada sábado, cuando descansamos de nuestra obra, proclamamos nuestra experiencia de justificación por la fe, de que no confiamos en nuestras propias obras, sino en la obra finalizada de Cristo en favor de nosotros. El sábado se convierte en la señal externa del “reposo

de la gracia” (Comentario bíblico adventista, t. 7, p. 940), que los creyentes en Cristo pueden experimentar durante toda la semana.

  El cuarto Mandamiento también indica que Dios descansó mentalmente, al igual que físicamente. El verbo para “descansó” utilizado aquí no es shabbat, como en Génesis 2, sino nuach; que significa “estar tranquilo, en un estado de reposo y paz”. Después de crear en seis días, Dios se distendió en tranquilo reposo, regocijándose mentalmente en el mundo que había creado. El sábado nos invita a unirnos a él en este sentido del reposo y la paz reparadores.

Podemos acercarnos por fe a la Canaán celestial (Hebreos 12:22-24); podemos hacer guerra contra nuestros enemigos espirituales

(Efesios 6:10-17); y recibir nuestra herencia espiritual (Hechos 20:32; Efesios 1:11, 14, 18); y, ¡alabado sea Dios!, disfrutamos del reposo espiritual de la gracia en su presencia (Hebreos 4:9-11).

Lo que es nuestro para que disfrutemos ahora, como una experiencia de fe de entrar en el reposo de Dios, un día alcanzará su cumplimiento final en relación con la Segunda Venida y el más allá. El autor de Hebreos señala el “reposo” de Dios no solo como una experiencia actual, sino también como una

esperanza futura: “Procuremos, pues, entrar en aquel

reposo” (Hebreos 4:11).

Habrá una conquista final y literal sobre los enemigos de Dios.  Disfrutaremos de nuestra herencia final (Mateo 25:34; ). Y sí, por fin entraremos en el reposo glorioso y eterno de Dios. ¡Que ese día llegue pronto! Amén.

                                           Richard M. Davidson / Adventist Review

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s