Los retos de una vacuna que salva vidas

  • La aprobación de esta vacuna está abriendo un debate ético y económico
  • Los países con menos recursos todavía no saben si podrán costear este producto
MARÍA VALERIO (elmundo.es)
Ilustración de Raúl AriasIlustración de Raúl Arias

MADRID.- Mientras España espera la autorización de la nueva vacuna contra la infección por papilomavirus y algunos estados de EEUU debaten si la inmunización debe o no ser obligatoria para que las niñas puedan estar escolarizadas, los países que más muertes sufren por culpa del cáncer de cuello de útero (causado por este virus) ni siquiera saben si podrán pagarla.

La revista ‘The New England Journal of Medicine’ (NEJM) dedica esta semana un número especial con abundante información sobre este patógeno de transmisión sexual. Y de sus páginas pueden extraerse dos visiones bien distintas sobre el problema. Por un lado, la de los países más desarrollados, donde el debate sobre la aprobación y administración de la vacuna va ligado a cuestiones presupuestarias, políticas, sexuales, e incluso morales. Y por otro, el de las regiones más pobres del planeta, donde la cuestión es si podrán costear el precio de la nueva terapia (comercializada como Gardasil por la multinacional Merck).

Mundo rico

En cuanto al primer escenario, como pone de manifiesto en una perspectiva R. Alta Charo, profesora de bioética en la Universidad de Wisconsin (EEUU), “la prevención del cáncer ha caído víctima de una guerra cultural”. De un lado, los estados que intentan hacer que la vacuna contra el virus del papiloma sea obligatoria para poder escolarizar a las niñas. De otro, las voces que acusan a estos legisladores de entrometerse en la intimidad familiar y en el derecho de los padres a decidir sobre sus hijos.

“A pesar de que el foco debería ponerse en el elevado precio de esta terapia; la preocupación, por el contrario, se ha centrado las buenas costumbres sexuales”, critica esta experta en leyes. “La experiencia nos ha enseñado que los enfoques basados únicamente en la abstinencia ni retrasan la edad de inicio de las relaciones ni disminuyen el número de encuentros sexuales”, matiza.

De hecho, esta terapia debe administrarse antes del primer encuentro sexual para que cumpla con su 100% de eficacia en la prevención de lesiones precancerosas provocadas por la infección por las cepas 16 y 18 del papilomavirus, tal y como vuelve a ratificar uno de los estudios internacionales publicados esta semana en la revista ‘NEJM’.

“Los responsables en materia de salud pública pueden tener dudas legítimas sobre los méritos de la vacuna”, añade, “o plantearse los costes financieros y logísticos que pueda suponer para las escuelas y las familias, o incluso temer los efectos adversos que podrían aparecer una vez que se administre a gran escala. Pero puesto que las objeciones morales que se plantean a su obligatoriedad son principalmente emocionales, esta fuente de resistencia es difícil de justificar”.

En otro de los editoriales, George Sawaya y Karen Smith-McCune, de la Universidad de California (EEUU), destacan que el entusiasmo y la sensación de urgencia que ha despertado la inmunización no pueden hacer perder de vista las cuestiones que aún quedan por resolver al respecto: “Su eficacia global, la duración de su protección y los efectos adversos que podrían aparecer a lo largo del tiempo”.

O como añade otro de los editoriales: “¿Debería vacunarse también a los chicos? ¿Podrían menos de tres dosis aportar la misma protección? ¿Podrán las futuras vacunas ofrecer protección contra más cepas del virus? ¿Permitirá la economía que esta terapia alcance a quienes más lo necesitan? ¿Podría la vacuna prevenir otros tipos de tumores relacionados con esta infección, no ginecológicos?”. Sólo hemos empezado el viaje, destaca Lindsey Baden, “ahora debemos seguir en la buena dirección”.

Mundo pobre

De las 274.000 muertes que el cáncer cervical causa cada año en el mundo, el 80% se registra en los países en desarrollo; una proporción que podría aumentar al 90% en el año 2020. Lo recuerda uno de los editoriales de este número especial que firman Jan Agosti y Sue Goldie, de la Fundación Bill y Melinda Gates y la Universidad de Harvard (EEUU) respectivamente.

“Las nuevas vacunas [tanto Gardasil como Cervarix, de Glaxo SmithKline, aún sin autorizar] han sido estudiadas en 27.000 mujeres de 33 países y sus datos son una evidencia suficiente para recomendar su introducción”, certifican. Sin embargo, “para los países con un producto interior bruto inferior a 1.000 dólares per cápita, el coste de cada dosis de la terapia debería ser de 1 ó 2 dólares para que el tratamiento sea rentable y asequible”. De momento, el precio de las tres dosis que se necesitan asciende a 360 dólares en EEUU (unos 580 euros en Portugal).

Y no se trata sólo de la vacuna. Estos países necesitan además tecnología, recursos, infraestructuras y especialistas para seguir llevando a cabo programas de detección precoz mediante la tradicional citología, que no puede verse relegada por la nueva terapia. “Incluso en estos escenarios pobres, el programa ideal de prevención del cáncer cervical debe incluir la vacuna para las adolescentes y el cribado para las mujeres entre 30 y 45 años”, insisten.

“Aunque lograr una cobertura de vacunación universal supondrá todo un desafío”, admiten, “cada cinco años que retrasemos su introducción en los países pobres, entre 1,5 y dos millones de mujeres más morirán. La vacuna tiene un enorme potencial para salvar vidas, hagamos un esfuerzo global para hacer realidad esta promesa”.

con información del diario español El Mundo

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Un comentario en “Los retos de una vacuna que salva vidas

  1. Es un contraste complicado… pero el hecho de su uso masivo obligará a una reducción de su precio por una simple cuestión de oferta y demanda… a la larga mayores serán los beneficios (y beneficiados) por esto… 😉

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