alimentos contra el crimen

Un estudio en reformatorios británicos intentará descubrir si los suplementos nutritivos pueden reducir la conducta antisocial.
¿Podrían los suplementos nutritivos ser la clave para disminuir el crimen? Un estudio en reformatorios británicos intentará responder a esa pregunta.
Más de mil jóvenes en tres reformatorios en Inglaterra y Escocia fueron reclutados para participar en la investigación.
El objetivo es descubrir si los micronutrientes, en particular los ácidos grasos Omega 3 que se encuentran en los aceites de pescado, pueden mejorar la conducta.
El estudio, financiado por la organización de investigación médica Wellcome Trust, está siendo dirigido por el profesor John Stein, neurocientífico de la Universidad de Oxford.
“Es un estudio muy interesante”, le dijo a BBC Ciencia la profesora Carmen Campoy Folgoso, del Departamento de Pediatría de la Universidad de Granada.
“Y creo que nos podrá dar muchas sorpresas porque estoy convencida de que los ácidos grasos Omega 3 tienen una influencia directa sobre la conducta”, agrega la experta.
Señales sociales
Los mil voluntarios que participan en el estudio son jóvenes delincuentes y la mayoría está cumpliendo largas sentencias por delitos violentos.
Cuando se les interrogó, ninguno dijo haber comido pescado crudo o marinado en su vida.
Y muchos afirmaron que durante gran parte de su vida su dieta había consistido en comida rápida con poco o nada de vegetales y frutas.
El profesor Stein cree que los suplementos alimenticios, en particular las grasas de pescado Omega 3, pueden mejorar o reducir la conducta antisocial de los delincuentes.
Su tesis es que muchos jóvenes cometen crímenes porque no pueden reconocer apropiadamente las señales sociales.
“Mi teoría es que estos micronutrientes mejoran la función de las neuronas en el cerebro, que son encargadas de controlar las señales visuales y sociales”, afirma el científico.
“Cuando se carece de estos, la persona puede reaccionar negativamente, de forma impulsiva o agresiva”.
“En resumen -agrega el experto- los aceites de pescado son necesarios para lograr que el cerebro funcione adecuadamente”.
Durante el estudio de dos años, la mitad de los prisioneros participantes tomará cuatro cápsulas de micronutrientes al día con sus comidas.  La otra mitad tomará cápsulas falsas o placebos.
Dentro de cuatro meses, los investigadores compararán los registros disciplinarios de los dos grupos de participantes.
El profesor Stein no es el único que apoya esta teoría.
La profesora Campoy está coordinando el Programa NUTRIMENTHE, un proyecto financiado por la Unión Europea en el que participan 16 países.
El programa seguirá durante 5 años a 120.000 niños de entre 6 y 12 años para observar los efectos de la nutrición en los primeros años de vida en el desarrollo y salud mental.
“Queremos demostrar el papel de determinados nutrientes en etapas precoces de la vida, y qué influencia tienen a largo plazo sobre el desarrollo cerebral y la conducta”, afirma la investigadora.
Tal como explica la científica otros estudios en el pasado ya han demostrado que la dieta de la madre durante la gestación tiene una influencia directa sobre el desarrollo de la conducta infantil.
“En particular se ha observado que las mujeres que estaban mejor nutridas en ácidos grados poliinsaturados Omega 3, tuvieron menos niños con problemas de conducta, como problemas de hiperactividad, impulsividad o agresividad”, señala.
“Es decir, hasta ahora las estadísticas demuestran que hay una clara influencia entre la buena nutrición de ácidos grasos Omega 3 en la madre y la conducta del niño”.
Los expertos creen que el papel de estos micronutrientes podría incluso ser más importante durante los años de la adolescencia, cuando ocurren cambios cerebrales importantes.
Hasta ahora, sin embargo, no se ha estudiado el impacto de los ácidos grasos Omega 3 en la conducta de jóvenes.
“Hay que tener en cuenta que en la etapa de la adolescencia es cuando peor empiezan a comer los jóvenes” dice Carmen Campoy.
“En estos años muchos de ellos hacen deficiencias importantes de nutrientes, como hierro y calcio, porque están en una etapa importante de crecimiento”.
“Y si además el joven tiene un ambiente social no favorable, porque están casi siempre solos y mal alimentados, el impacto es todavía peor”.
Ésta también es la etapa que determina la conducta social y las funciones ejecutivas, las que permiten al ser humano tener una capacidad de decisión ante los problemas y poder solucionarlos.
“Todo este proceso es parte del desarrollo social que cuando se ve afectado puede conducir a conductas negativas y delictivas”, dice la investigadora.
“Por eso creo que este estudio es una muy buena idea -agrega- y si logra demostrar el impacto de los micronutrientes podría tener un enorme impacto en la sociedad”
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