Una vez niños, siempre niños

Correr de un lado a otro, saltar, brincar, tener siempre energía para todo , ser inocente y alegre, no tener límite para los sueños y metas y sobre todo  pensar que siempre se será joven son algunas de las características más resaltantes de los niños. Cuando se está en esta primera etapa de la vida, las ilusiones y las energías brotan por los poros como fuentes de sueños y esperanzas. Sin embargo, crecemos y al parecer esa magia e inocencia que nos caracterizaba cuando chicos, parece esfumarse día a día.

Ya casi no sonreímos, nos falta el ánimo para emprender nuevos retos, perdemos esa inocencia e ingenuidad que caracteriza a todo niño y la maldad comienza a tomar forma en nosotros. Desde que el pecado entró en el hombre, la niñez se ha vuelto una de las etapas que más se acercan a ese ideal de carácter y conducta cristiana. Más adelante en la edad adulta,  el pecado hará de las suyas y nos haremos expertos en olvidar el verdadero amor de Dios.                       

   La intención de nuestro Dios es que seamos como niños. Por esa razón llama a un niño, lo toma en sus brazos (Mateo 18: 3), y señala:“Si no os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos ”  Cristo ejemplifica el relato con un niño. Pensar en un niño de los tiempos bíblicos, no tiene muchas diferencias a las de un niño de nuestra época. Cristo no está hablando de una invitación a jugar a las escondidas con los hermanos de la Iglesia o con el jefe de la oficina. NO, Jesús está planteando el concepto de aprender a ser humildes en el servicio , lo que se obtiene al   comprender la dependencia de él

Cristo se refería en primera instancia a los que eran aún “niños” en el reino de los cielos, es decir, que eran cristianos inmaduros. (DTG, 408) en definitiva, es una invitación a aprender a depender del Padre Celestial, así como cuando niño dependíamos de nuestro padre terrenal. Cristo quiere que aprendamos a ser niños, niños dependientes del Padre, que sirvan de corazón humilde, con la inteligencia que Dios nos ha concedido.

Niños que trabajen y vivan para él, niños que rindan sus dones al Maestro, niños que ejerciten sus talentos que con la ayuda del Espíritu Santo, le sirvan así como siervos. Porque todos fuimos   niños, y con su ayuda, una vez niños , siempre niños

– (  Dpto. De Educación de la Unión Ecuatoriana de los  adventistas del 7mo día—educaciónadventista.ec / Isaac López  )

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