Los riesgos de comer a contrareloj

Antonio Heredia)La vida moderna obliga a comer cada vez en menos tiempo (Foto: Antonio Heredia)
CRISTINA G.LUCIO

MADRID.- Piense en sus últimos almuerzos. ¿Cuántas veces, llevado por el hambre, ha devorado el plato en apenas cinco minutos? ¿En cuántas ocasiones no ha podido rechazar un último bocado del postre, pese a sentirse ya saciado? Si le han venido a la memoria varios episodios similares, empiece a preocuparse por la báscula porque, según los resultados de un estudio, comer rápido y hasta hartarse triplica el riesgo de sufrir sobrepeso.

Tanto la costumbre de saciarse en cada comida como la de ingerir los alimentos a mucha velocidad se habían asociado previamente con un aumento del peso. Sin embargo, los autores de este trabajo, cuyas conclusiones se publican en el último número de la revista ‘British Medical Journal’ quisieron ir más allá y comprobar si existía un efecto combinado de ambos hábitos.

Para averiguarlo, analizaron a un total de 3.287 adultos japoneses, de edades comprendidas entre los 30 y los 69 que procedían tanto de zonas rurales como urbanas y no sufrían trastornos de la alimentación.

Además de calcular el índice de masa corporal -un método que permite medir si existe exceso de peso-, los investigadores evaluaron a través de un cuestionario sus hábitos alimenticios, haciendo especial hincapié en la velocidad a la que solían comer (debían elegir entre muy lento, lento, medio, rápido y muy rápido) y si acostumbraban a comer hasta sentirse completamente llenos.

Aproximadamente la mitad de los hombres y casi un 60% de las mujeres analizadas reconocieron comer hasta hartarse habitualmente. En cuanto a la velocidad a la hora de comer, el 46% de los hombres y el 36% de las mujeres confesaron alimentarse ‘de forma rápida’.

Efecto añadido

Al analizar los datos, los autores de esta investigación comprobaron que tanto comer rápido como hacerlo hasta saciarse completamente se asociaba con un riesgo mayor de sufrir sobrepeso, independientemente de la cantidad de energía consumida.

Pero, cuando estos dos hábitos se conjugaban en una misma persona, el riesgo de padecer sobrepeso era tres veces superior al de quienes comían lo justo y con calma.

“Hemos visto que la combinación de ambos hábitos tiene un efecto adicional en las posibilidades de sufrir sobrepeso”, remarcan los autores, cuyo trabajo ha coordinado Hiroyasu Iso, de la facultad de Medicina de la Universidad de Osaka (Japón).

En un editorial que acompaña a este trabajo en la publicación británica, las investigadoras australianas Elizabet Denney-Wilson y Karen J. Campbell señalan la importancia de conocer que determinados hábitos como los señalados pueden contribuir a incrementar la epidemia de obesidad.

Según estas especialistas, dado que estas costumbres pueden modificarse, la educación se vuelve vital, sobre todo con las nuevas generaciones.

“Dada la importancia de prevenir el sobrepeso, los especialistas médicos deben coordinarse con los padres […]. Discutir sobre cómo reemplazar comidas y bebidas de alto valor energético por platos sanos y agua; sobre qué implica una dieta saludable, sobre cuáles son las raciones adecuadas, sobre la importancia de comer en entornos que no distraigan y con un adulto o sobre la necesidad de alimentarse con calma y relajado podrían servir de gran ayuda”, concluyen.

Con información del diario español El Mundo

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