El ministerio de la bondad

        El pecado ha raído el amor que Dios implantó en el corazón del hombre. La obra de la iglesia es volver a encender este amor. La iglesia debe cooperar con Dios en desarraigar el egoísmo del corazón humano, estableciendo en su lugar la caridad que estaba en el corazón del hombre en su estado original de perfección.

El Señor Jesús dijo: “Bienaventurados los misericordiosos: porque ellos alcanzarán misericordia”. Nunca como hoy en día hubo una época cuando hubiera mayor necesidad de ejercer la misericordia. Nos rodean los pobres, los angustiados, los afligidos, los dolientes y los que están por perecer.

Los que han adquirido riquezas, lo han hecho por medio de los talentos que Dios les ha dado, pero esos talentos para obtener bienes les fueron dados para que pudiesen socorrer a aquellos que se encuentran en la pobreza. Esos dones les fueron otorgados a los hombres por Aquel que hace que su sol ilumine y su lluvia caiga sobre justos e injustos; para que por la fecundidad de la tierra los hombres puedan tener abundante provisión para suplir todas sus necesidades.

Solamente con un generoso desinterés por aquellos que necesitan ayuda podremos dar una demostración práctica de las verdades del Evangelio. Cualquier ser humano que necesita nuestra simpatía y nuestros buenos servicios, es nuestro prójimo. Los dolientes e indigentes de todas clases son nuestros prójimos; y cuando llegamos a conocer sus necesidades, es nuestro deber aliviarlas en cuanto sea posible (Testimonios Selectos, tomo 3, pág. 269). Hoy existe la misma necesidad. Hacen falta en el mundo obreros que trabajen como Cristo trabajó para los dolientes y pecaminosos. Hay, a la verdad, una multitud que alcanzar. El mundo está lleno de enfermedad, sufrimiento, angustia y pecado. Está lleno de personas que necesitan que se las atienda .

La obra de Cristo en favor del hombre no ha terminado.   Continúa hoy día. De la misma manera sus embajadores deben predicar el Evangelio y revelar su bondadoso amor por las almas perdidas y que perecen. Mediante un interés genuino en los que necesitan ayuda, han de dar una demostración práctica de la verdad del Evangelio

– ( Fragmentos del libro “ El ministerio de la bondad , de Ellen. G. de White )

 

 

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