Invidentes con un sexto sentido

  • Un experimento prueba que personas con la corteza visual dañada pueden orientarse
  • Los científicos creen que utilizan caminos neuronales alternativos

ROSA M. TRISTÁN

MADRID.- Cuando T.N. recorrió un largo pasillo de 15 metros de longitud sin tropezar con las cajas, sillas y otros obstáculos que tenía en su camino, hubo sonoros aplausos. T.N. es invidente, pero parecía tener un sexto sentido. De hecho, habitualmente, camina con un bastón que le sirve para orientarse, como otras personas con esta minusvalía, y cuando recorrió aquellos metros sin titubear, no era consciente de lo que hacía.

Su caso, publicado esta semana en la revista ‘Current Biology’, corrobora algo que ya se sospechaba en el pasado: la llamada visión ciega que, según los investigadores, podría tener su origen en trayectorias visuales evolutivamente primitivas, que salen a la luz cuando el sistema visual habitual tiene un fallo grave.

Y esto fue lo que le pasó a T.N., según los investigadores de las universidades de Tilburg (Países Bajos) y Harvard (EEUU), que han seguido su pista. Este hombre sufrió una lesión en ambos hemisferios del cerebro (derecho e izquierdo)que le dañó la corteza visual primaria, es decir, el área que procesa la información captada por los ojos y transmitida por el nervio óptico. Ello impide que su cerebro procese los estímulos visuales. Es decir, no ve, o más bien no sabe lo que ve.

El equipo dirigido por Beatrice de Gelder contactó con el invidente, del que ya sabían que detectaba cosas en el ambiente, y realizó varios experimentos para comprobar qué pasaba.

La primera sorpresa la tuvieron cuando le mostraron caras de personas alegres, temerosas o coléricas y fue capaz de responder en función de cada una de las emociones de los rostros. Antes le habían enseñado fotos invertidas, pero en ese caso había sido incapaz de detectar su posición.

A continuación, le grabaron mientras recorría un pasillo en el que habían colocado numerosos obstáculos en mitad del camino. Estaba totalmente en silencio, para que no tuviera pistas sobre las posiciones de los objetos prestando atención a los ecos.

Un paseo inconsciente

Para sorpresa de los presentes, los sorteó con rapidez y sin atisbo de duda. Es más, según explicó a continuación T.N., pensaba que no había nada en el recorrido. ¿Cómo había llegado la información al cerebro para que se movieran sus piernas evitando que cayera de bruces?

«Este experimento demuestra que hay rutas visuales alternativas que están disponibles en el cerebro y que permiten que la gente se oriente y detecte los obstáculos sin prestar atención o ser conscientes de verlas. Creo que conocer estos recursos ocultos es importante para los pacientes que tienen este tipo de daños en el cerebro», ha señalado Gelder sobre estos resultados.

Los investigadores afirman que las señales visuales de la retina -hay que recordar que sus ojos están en perfecto estado- llegan a sus neuronas por unos caminos que estarían por debajo de la corteza dañada. Son rutas neurológicas de menos importancia que habrían sido suprimidas y que al ser dañada la corteza visual vuelven a desempeñar una función muy importante, dando la sensación de que los afectados por esta lesión se mueven por intuición.

Con anterioridad a los experimentos con T.N., ya se había observado que existía la visión ciega. Hace más de 30 años, el psicólogo Nicholas K. Humphrey habló de su existencia en monos que tenían un daño cerebral.

Más recientemente, en el año 2005, un grupo de investigadores de la Universidad de Rice realizó un experimento que puso de manifiesto su posible existencia en las personas.

En este caso, los científicos anularon temporalmente la capacidad de visión de varios voluntarios. Lo hicieron mediante impulsos eléctricos en la corteza visual, inutilizándola de forma reversible. Es decir, una prueba de lo que realmente le ha ocurrido a T.N.

A continuación les mostraron imágenes en una pantalla que tenían que describir. Resultado: entre el 75% y el 81% de las descripciones fueron correctas, según publicaron en la revista Proceedings of National Academy of Science (PNAS). Ya entonces, los científicos dedujeron que había regiones más profundas del cerebro que también procesan las señales visuales.

Apuntaban que su resultado venía a corroborar la especulación que inició el famoso psicólogo Sigmund Freud de que el cerebro procesa información de forma inconsciente. Ahora, el experimento con T.N. prueba que los resultados provocados en un laboratorio son posibles en la realidad.

Con información del diario español El Mundo

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