Las gafas de sol y la audición

El cerebro integra la información visual con la auditiva para formar el mensaje

La mayoría de personas con una capacidad auditiva normal es capaz de leer los labios

(Foto: Russell Boyce | Reuters)(Foto: Russell Boyce | Reuters)
MARIA VALERIO

MADRID.- La vista puede ser una buena aliada de nuestro oído. Un trabajo estadounidense acaba de demostrar que leer los labios puede ayudar a escuchar mejor en medio de un entorno ruidoso. Varios voluntarios con una audición completamente normal han confirmado que nuestro cerebro es capaz de integrar perfectamente ambas informaciones para facilitar la comprensión.

Imagine una fiesta, suena la música, la gente habla a voces y un amigo suyo le dice algo al oído. Si ha sido incapaz de escuchar lo que le dice, pídale que le repita el asunto mirándole a la cara. Un estudio que publica esta semana la revista ‘PLoS ONE’, asegura que su comprensión del mensaje mejorará entre un 10% y un 60% gracias a los estímulos visuales que se desprenden de los labios de su amigo.

Según este experimento, que ratifica otros trabajos similares en la misma línea, la información visual que se desprende de la expresión facial y el movimiento de la boca, mejora nuestra capacidad para interpretar lo que hemos escuchado en medio de un ambiente ruidoso.

Eso sí, el ruido que entorpece nuestra audición sólo puede ser intermedio, porque si es demasiado alto oculta demasiado el estímulo auditivo y, entonces, leer los labios por sí solo no es suficiente. “Hemos descubierto que es necesario un mínimo sonido del mensaje para que la lectura de labios sea efectiva“, explica Wei Ji Ma, especialista de la Escuela de Medicina Baylor (en Houston, EEUU) y uno de los firmantes del estudio.

Audio y vídeo

A su juicio, la mayoría de personas con una capacidad auditiva normal es capaz de entender los labios, aunque la mayoría no es consciente de esa capacidad que mejora la percepción del discurso hablado. Para demostrarlo por primera vez en un entorno natural, sin ninguna lista de palabras preestablecida, 33 voluntarios aceptaron colaborar con el grupo.

Después de elaborar un sencillo modelo matemático capaz de predecir cómo sería la interpretación de una palabra que se escucha con ruido de fondo, procedieron a confirmar su teoría con los 33 participantes. La mitad de ellos observó un vídeo en el que una persona real pronunciaba una palabra monosilábica en inglés, o bien escucharon la palabra sin el apoyo de la imagen. En la segunda parte del experimento, la otra mitad de los voluntarios recibía información incongruente entre la palabra pronunciada y el término escuchado.

En todos los casos, disponer de la imagen mejoró la comprensión frente a quienes sólo escucharon la palabra. Aunque en el escenario en el que la información visual resultó más útil a los voluntarios fue cuando el sonido ambiente tenía un volumen intermedio. Más aún que cuando éste era muy alto.

Ma explica esta capacidad del cerebro como la tarea de un detective. “Imagina que cuentas con dos testigos de un crimen. Uno es muy preciso y verosímil. El otro no tanto. Con la información que aportan ambos y el peso que les concedes a sus testimonios llegas a una conclusión sobre lo que ha pasado”. De la misma manera el cerebro integra todos los datos que recibe en cada circunstancia.

Con información del diario español El Mundo

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