Un Hígado artificial

 

Imágenes del hígado en distintos momentos del experimento. (Fotos: B.E. Uygun and O.B. Usta)

Imágenes del hígado en distintos momentos del experimento. (Fotos: B.E. Uygun and O.B. Usta)

CRISTINA DE MARTOS MADRID.-

La idea final de la ingeniería de tejidos es obtener órganos totalmente compatibles con el paciente para poder implantárselos. El primer paso en el campo de la hepatología lo acaba de presentar un grupo de expertos estadounidenses en las páginas de ‘Nature Medicine’. El primer hígado fabricado en el laboratorio ya es una realidad. Claro está, se trata de una prueba de concepto, un primer paso, tan preliminar como necesario, en el camino hacía un hígado artificial completamente funcional y apto para ser trasplantado a un enfermo. “Será necesario trabajar mucho más […] pero es un excelente comienzo”, señala Korkut Uygun, del Centro de Ingeniería Médica del Hospital General de Massachusetts (EEUu), uno de los responsables de la investigación. Su trabajo es muy similar al que hace pocas semanas presentaron Doris Taylor, del Centro de Reparación Cardiaca de la Universidad de Minnesota (EEUU), y Francisco Fernández-Avilés, jefe del servicio de Cardiología del Hospital Gregorio Marañón. En su caso, habían logrado crear un corazón. “Básicamente, nuestro estudio consiste en aplicar los métodos de la doctora Taylor, y debo mencionar también el trabajo de Tony Atala, al hígado”, explica a ELMUNDO.es Uygun. “Obviamente, distintos órganos tienen diferentes necesidades”, añade. Alcanzando las tres dimensiones La ingeniería tisular, una disciplina que ofrece muchas promesas, ha encontrado diversos obstáculos que, por el momento, limitan sus aplicaciones clínicas. En lo que a recreación de órganos adultos completos se refiere, existen dos problemas fundamentales. Por un lado, el elevado riesgo de muerte celular que existe cuando la perfusión de los tejidos no es la adecuada (faltan oxígeno y nutrientes) y, por otro, la dificultad de obtener estructuras tridimensionales. La aproximación de Taylor y Atala, aplicada aquí por Uygun y sus colegas, soluciona ambos a la vez. El experimento consiste en obtener un órgano –en este caso un hígado- y quitarle las células dejando tan sólo el andamiaje, la matriz que las sustenta. Esto se consigue ‘lavándolo’ con detergentes enzimáticos. Después, mediante perfusión, se repuebla con células nuevas hasta obtener la estructura original pero compatible con el paciente. “El trabajo muestra el desarrollo de varios métodos y protocolos, todos ellos importantes logros de ingeniería en mi opinión”, indica este investigador. “El más importante se refiere al método de perfusión que permite la distribución adecuada de las células por la matriz, un paso esencial para conseguir recrear un órgano completo”, añade. Como subraya Uygun, queda mucho trabajo hasta que veamos la aplicación de estas técnicas en humanos. De momento, tras unas tres semanas de trabajo, este equipo logró implantar un hígado y hacerlo funcionar durante ocho horas en varias ratas. Después, el órgano de laboratorio continuó trabajando ‘ex vivo’ 24 horas más, para poder analizarlo con mayor detalle. “Creo que esto es un gran logro de la ingeniería tisular hepática; hemos desarrollado la plataforma básica para alcanzar lo que antes no era posible. Pero aún que mucho camino por delante”, concluye.

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